Juanpablo Cofré: “Hacer flamenco pasa esencialmente por el respeto”

A los 14 años, las ganas de estudiar guitarra y un disco de Vicente Amigo fueron determinantes para que Juanpablo “Moraíto” Cofré quisiera dedicarse al flamenco, convirtiéndose así, en uno de los exponentes más jóvenes y destacados de la escena local.
Pronto a lanzar su proyecto musical Quinto Sur, Cofré nos habla de su ingreso al flamenco, su proceso de aprendizaje y su visión de cómo este arte avanza a pasos agigantados en nuestro país.

Estudiando en el Internado Nacional Barros Arana (INBA), Juanpablo Cofré ingresó a un grupo folclórico del colegio para reemplazar a otro alumno que curiosamente lo llevaría, tiempo después, a descubrir una de sus grandes pasiones: la guitarra flamenca. “Cuando estaba en un taller de música de raíz latinoamericana conocí a Diego Cuche, compañero de colegio a quien reemplacé en el grupo. El estudiaba con Carlos Ledermann y yo, ingenuamente, le pedí que me enseñara flamenco porque quería estudiar guitarra clásica. Ahí el me explicó lo perdido que estaba y me regaló una copia del disco “De mi corazón al aire” de Vicente Amigo y, como dicen los españoles, ‘flipé’. Lo escuché tantas veces que ¡rayé el disco en un mes! y decidí que quería dedicarme al flamenco”, comenta Cofré, quien a partir de ahí comenzó sus estudios de guitarra.

Jorge Gómez, Carlos Ledermann y Javier “Chino” Vega fueron sus maestros, hasta que en el 2005 comenzó su carrera profesional.

¿Qué recuerdas de tus inicios?

Como músico inicié mi formación el 2008 cuando entré a estudiar Licenciatura en Música en la UMCE. Pero en flamenco comencé el 2005, en La Triada junto a Sonia Fuente-Alba. En esta agrupación estuve hasta el año pasado, pero actualmente sigo participando en las clases de la academia, así como en las clases de Francisco Delgado, una muy buena experiencia que me ha servido mucho para crecer como guitarrista.

En cuanto a mi carrera profesional, el 2009 fue muy importante para mí porque de cierta manera salí a tocar solo. Antes siempre actuaba junto a guitarristas como Cristián Soto o Diego Cuche, pero el año pasado me llamaron para acompañar el baile de Valeria Abud y Daniela Gallardo, lo que constituyó un gran desafío porque tuve que empezar a componer.

¿Te costó componer?

Si, costó decidirme porque no me sentía preparado. Si bien desde el 2006 componía falsetas y cosas para baile, el año pasado comencé a componer temas completos.

Dentro de este proceso, uno de los principales impulsos lo recibí de Pancho (Francisco Delgado), quien una vez me dijo que mi música era bonita, pero que no servía para baile. Esa crítica me sirvió para crecer y canalizar mis creaciones de forma distinta.

¿Cómo así?

El estudiar música abrió completamente mi cabeza y me ha hecho desarrollar otros estilos como el jazz o el folclor. Y todo ese conocimiento pensé que podía volcarlo en otro proyecto musical. Así fue como nació Quinto Sur, un grupo integrado por Manuela Rocha en violín, Felipe Candia en batería, Marcelo Montero en percusión, Marcelo Córdova en bajo y yo en guitarra y composición.

El lanzamiento de Quinto Sur está programado para noviembre próximo y en dicho espectáculo participarán las bailaoras Cathy Sandoval y Daniela Gallardo, quienes seguirán colaborando también en futuras presentaciones.

¿En qué te inspiraste para desarrollar este proyecto?

Modestamente hablando, no creo que exista algo como Quinto Sur en Chile, pero sí tengo una fuerte inspiración musical en Ultra High Flamenco (UHF), una banda integrada por Paquito González, Alexis Lefevre, Pablo Martin-Caminero y José Quevedo y que juega mucho con el flamenco y la improvisación.

En Chile, Alberto Faraggi (guitarrista) y su grupo han hecho jazz “aflamencado”. Lo mío es flamenco con algunas notas de jazz y otras de folclor.
Es algo muy distinto a lo que el público está acostumbrado a ver y oír, ya que hay mucho espacio para la espontaneidad.

La pregunta infaltable, ¿cuáles son tus referentes?


Vicente Amigo en un principio y Paco de Lucía por sobre todo.

En mi opinión, y aunque algunos digan que la música de Amigo carece de “flamencura”, él cambió definitivamente la guitarra en los años 90, otorgando una musicalidad totalmente nueva. Es más, Amigo hizo evidente lo que Paco ya había creado a través de discos como Siroco.

Tampoco puedo dejar de mencionar a Manolo Sanlúcar, Rafael Riqueni, Niño Miguel, Miguel Angel Cortés, quien es increíble porque ha sabido jugar con el compás como nadie, cerrando en momentos nada de tradicionales, pero con resultados muy naturales.

Otros grandes son Diego El Morao, Jesús de Rosario, José Jiménez (El Viejín), José Antonio Rodríguez, Santiago Lara, José Quevedo (El Bolita)… en fin, la lista es interminable.

¿Algún palo favorito?
Me gusta mucho la bulería porque te permite hacer muchos cortes y con mucho soniquete, especialmente todo lo que provenga de Jerez de La Frontera, la cuna de la bulería. Especialmente hay dos bulerías que me gustan y que, dicho sea de paso, pertenecen a dos de los mejores discos de flamenco: “Tercio de Vara” de Tauromagia (Manolo Sanlúcar) y “El pañuelo” de Siroco (Paco de Lucía). También me gusta “Mandaíto”, del disco Vivencias imaginadas, de Vicente Amigo.

Además de Tauromagia y Siroco, ¿qué discos recomendarías?
Difícil hacer una selección breve. Los imprescindibles para mí son: Tierra de Calma, de Miguel Poveda; Mi forma de vivir, de Duquende; De mi corazón al aire y Vivencias imaginadas, ambos de Vicente Amigo; Fuente y Caudal, Siroco y Cositas buenas, los tres de Paco de Lucia; Trimilenaria, de David Palomar; Jerez sin fronteras, de Jesús Méndez; Sur, de Dorantes; Ultra High Flamenco, de UHF; Sirimusa, de José Manuel León; Bordon de trapo, de Miguel Angel Cortés; Corral del carbón, de Antonio Campos; Agua dulce, de Tomatito; Tu ven a mí, de La Tana; La voz del agua, de Marina Heredia; y todo lo de Camarón, Los Zambos y Enrique Morente.

Llevas tiempo inmerso en la escena local de la guitarra flamenca, ¿cuál es tu apreciación?
El flamenco está creciendo a nivel sobrenaturales en Chile y obviamente la guitarra no es la excepción. Cuando comencé tuve la oportunidad de aprender y compartir con Carlos Ledermann, Jorge “Chico” Bravo, Claudio Villanueva, Daniel Muñoz, Jorge Gómez, Andrés “Pituquete” Hernández y Javier “Chino” Vega. Algunos siguen aquí y otros están en el extranjero, además hay otros jóvenes como yo, como Cristopher Ayala, Yerko González y Francisco Lobos, todos muy talentosos.

¿Te costó ingresar a este medio?
Sí, al principio es difícil introducirse a este mundo, que es bien cerrado. De cierta forma, mi único contacto era Felipe Candia, además de Cristián Soto, quien trabaja principalmente para Embrujo, y la cantaora Manola Ayala.

En esa época yo era muy “pollo”, por lo que recuerdo con gran cariño la posibilidad que Sonia Fuente-Alba me dio para trabajar en La Triada. También recuerdo y agradezco todos los consejos que recibí de Pancho Delgado y de Julián Herreros.

¿Qué le sobra, qué le falta al flamenco chileno?


Desde lo que hago, guitarra, creo que hemos avanzado, ya que hoy, el interpretar temas sin acompañamiento de baile no se ve como un mero relleno mientras las bailaoras se cambian. Creo que a punta de nuestro propio esfuerzo y desarrollo, los guitarristas nos hemos ganado un espacio, especialmente en los espectáculos de formato tablao, donde podemos tocar temas entendiendo que el público necesita un respiro del baile. Ahora bien, que el flamenco crezca tan rápido es un arma de doble filo.

¿En qué sentido?

Muchos se atreven a pararse sobre un escenario sin tener todo el conocimiento o experiencia necesaria. El flamenco es un arte muy difícil que requiere de mucha preparación, y quizás algunos se adelantan para actuar en forma profesional. Para mí, hacer flamenco pasa esencialmente por el respeto. Es un arte aprendido, no nació con nosotros, por lo que la responsabilidad de conocerlo bien para ejecutarlo es fundamental.
La ejecución del flamenco es sólo para unos pocos entonces…

A nivel profesional sí, a nivel de estudiantes obviamente que no, pero no hay que olvidar que para hacer buen flamenco se necesita mucho estudio y ensayo. 

¿Qué tan profesional es nuestro flamenco?

Como dije anteriormente, hay exponentes muy buenos en Chile. Cada vez hay más y mejores. Pero en esto de profesionalizar el flamenco, creo que nos falta desarrollar otros aspectos, como la humildad, la autocrítica y la evaluación hacia nuestros pares.

Yo puedo decir que algo no me gusta, pero no que es malo. Peor aún, es hacer juicios de valor respecto del trabajo de nuestros compañeros a sus espaldas. Eso es nocivo, no nos ayuda a crecer y ni a masificar el flamenco. A lo largo de estos años he comprendido lo que te comento. Muchas veces yo mismo caí en el juego de enojarme y no saber escuchar las críticas.

Recibir opiniones es muy necesario y hay que saber tomar lo mejor de ellas, pero también es importante hacerlas con responsabilidad y seriedad.

Llevas algunos años en el flamenco, pero te queda mucho camino por recorrer, ¿de qué forma proyectas tu carrera?

Es difícil saber lo que haré más adelante. Lo único que tengo claro es que quiero terminar mi carrera y seguir estudiando mucho, porque si no lo haces y te quedas dormido, de seguro te alcanzarán.

Otro pendiente es ir a España y quiero hacerlo pronto. Probablemente viaje a Madrid a fines del próximo año, pero sólo unos tres a cuatro meses porque debo regresar para terminar mi tesis.

De todos modos, pienso que un guitarrista puede ser muy bueno sin necesariamente estudiar en España. La técnica es dominable, pero hay una gran experiencia de vida que obtienes sólo estando allá, compartiendo con la gente y recorriendo sus calles. Eso es algo que todos los que nos dedicamos al flamenco debiésemos experimentar.

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