Jorge Bravo: “Descubrí que podía hablar de otra manera, sin pasar por la bulería o el fandango”

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Tras pasar dos décadas dedicadas al flamenco, Jorge Bravo advirtió que la guitarra no tenía límites. Poco a poco fue sumando los sonidos latinoamericanos, la guitarra clásica y el gypsy jazz hasta construir un lenguaje musical propio.
Radicado actualmente en Londres, Jorge Bravo es hoy uno de los principales exponentes de la guitarra de nuestro país. Sobre su paso por el flamenco y su propuesta musical, conversamos con el músico.

Primero fue el folclor y canciones como las de Silvio Rodríguez. Jorge tenía 11 años y su acercamiento inicial a la música se dio con sus primos tocando el bombo y el charango.
La guitarra y el flamenco vendrían después. Un día su mamá llegó con un folleto de clases de guitarra clásica con el profesor Víctor Martínez que decía entre otras cosas: “El alumno podrá aprender música de Paco de Lucía”.
Pero Paco no era un nombre ajeno, pues su papá tenía varios casetes que hicieron que Jorge se enamorara del flamenco. Fue tanto así que por 20 años se dedicó a su estudio sin detenerse.

¿Qué encontraste en la guitarra flamenca?
Comencé mis estudios de guitarra con Carlos Ledermann cuando estaba en tercero medio.
La guitarra flamenca es muy atractiva porque es directa, en esa época no había muchos videos de flamenco, el clásico lo abandoné simplemente porque cuando se es joven uno es más obsesivo.

¿Entonces no hubo un momento en que decidiste dedicarte profesionalmente al flamenco?
Nunca pensé dedicarme seriamente, tampoco me propuse ser concertista, tener un grupo o ganar dinero, lo mío era sólo aprender.
Todo lo que fue sucediendo en mi carrera fue consecuencia de las personas que iba conociendo, así me iba dando cuenta de que era posible a pesar de haber estado tanto tiempo fuera de España, de que en esa época no habían CDs, ni Yotutube… Todos los de mi generación teníamos casets.
Recuerdo que Carlos (Ledermann) tenía mucha música y nos la pasaba. Esas cintas eran como nuestros tesoros.

jbravo3¿Con quiénes te encontraste en ese camino inicial?
Con personas como Jeaninne Albornoz y Angélica Cires y el guitarrista Jorge Molina. Con ellos tuve la oportunidad de aprender a tocar para baile.
En esa época tocaba con todos los que hoy son grandes artistas, ahora los veo en Youtube y noto el gran nivel que tienen. Era otra época y otra la forma de aprender el flamenco.

¿Un trabajo más comunitario quizás?
Para acceder al flamenco habían dos instancias: teniendo casets o CDs o asistiendo a espectáculos, que eran súper esporádicos. Ahora siempre vienen, pero antes con suerte venía Paco de Lucía.
De alguna manera mi generación se formó junta porque cuando salimos de nuestros profesores generábamos instancias para juerguear y ahí era donde se aprendía: Pancho (Francisco Delgado) y Julián (Herreros) cantando y Claudio (Villanueva) tocando, esas eran instancias muy enriquecedoras.
Mirando hacia atrás, extraño un poco esos años, el despertar, encender la radio y escuchar flamenco todo el día… vivir esa pasión, pero ahora mi mundo tiene otras maravillas, como la familia, los viajes y los proyectos musicales en los cuales participo.

“Cuando dejé de tocar flamenco y se difuminó esa pasión exclusiva, me di cuenta que no es necesario tener una música favorita, incluso me di cuenta de que ni siquiera es necesario tocar la guitarra”

¿Cómo se dio tu alejamiento del flamenco?
A partir del 2000 me encuentro con artistas Antonio Restucci, Juan Antonio Chicoria Sánchez y Alberto Cumplido, gracias a ellos comencé a interesarme en otro tipo de música. Además, participé en festivales como el Entrecuerdas y conocí a gente como Yamandú Costa, lo cual fue muy iluminador.
Ese fue el primer impulso que tuve para investigar más de la guitarra, así descubrí que podía hacer otras cosas, que podía hablar de otra manera, sin pasar por la bulería o el fandango.

JORGE_BRAVO¿Fue complejo ese proceso?
Ha sido largo porque no tengo límites de tiempo ni objetivos, no tengo un manager ni nadie que me pida un disco en una fecha determinada.
En 20 años hice de todo, grabé dos discos de flamenco, viajé a México y España y obtuve el primer lugar en el Concurso Internacional de Guitarra Niño Ricardo (2006), pero cuando dejé de tocar flamenco y se difuminó esa pasión exclusiva, me di cuenta que no es necesario tener una música favorita, incluso me di cuenta de que ni siquiera es necesario tocar la guitarra. Por muchos años dije: Ok, soy un guitarrista más o menos bueno, pero ese no era el límite.

“Uno sabe cuando las cosas están bien hechas o no. Hoy en día es difícil porque hay mucha gente que toca muy bien, el estándar ya no acepta intermedios, tienes que tocar increíble, si no, suena de colegio, pero yo no me muevo por la competencia, la pasión por el dinero la he sacado, sólo me interesa tocar y sé que no hay límites para seguir aprendiendo y hacer el camino”
¿Cómo fue la experiencia del Festival  de Niño Ricardo?
Era la primera versión del certamen, mandé mis demos y quedé seleccionado. Hubo dos noches de concurso y gané por unanimidad, sin embargo, sólo cuando llegue allá supe que había una categoría para extranjeros y otra para españoles y yo quería competir con los españoles. En fin, cuando gané estaba en las nubes, especialmente porque no iba con la expectativa de ganar.
El no tener metas como ésas ha sido la constante en mi vida, hoy sólo tengo propósitos para el lenguaje musical que he creado.

¿De qué manera configuraste ese lenguaje?
Empecé a construir una manera de tocar donde el flamenco se nota cada vez menos. Lo que yo hago es una mezcla de gypsy jazz, guitarra clásica y latinoamericana y el flamenco, que siempre está.
El gypsy jazz lo encontré cuando llegué a UK, antes sólo conocía a Django Reinhardt de nombre, pero empecé a investigar la música con las cuerdas de metal y ahora es un componente esencial en lo que hago.
El latinoamericano tampoco lo había tocado mucho, pero después descubrí a guitarristas increíbles como Juan Falú y el grupo Aca Seca, hay tantos músicos que escuchar, sobre todo de Argentina.

¿Qué haces para equilibrar esos cuatro elementos y obtener un resultado satisfactorio?
Me interesa que se mezclen, que ninguno predomine sobre otro y lo que resulta es un flamenco con otro destino.
Uno sabe cuando las cosas están bien hechas o no. Hoy en día es difícil porque hay mucha gente que toca muy bien, el estándar ya no acepta intermedios, tienes que tocar increíble, si no, suena de colegio, pero yo no me muevo por la competencia, la pasión por el dinero la he sacado, sólo me interesa tocar y sé que no hay límites para seguir aprendiendo y hacer el camino.

¿Recomendarías a otros guitarristas de flamenco abrirse a otros estilos?
Antes lo recomendaba, pero ya no. A veces la gente lo interpreta como que eres un rebelde que abandonó el flamenco… algunos escuchan con respeto y otros lo odian. Lo que sí lamento es lo que se pierde la gente cuando no tiene la apertura de cabeza. El mundo es muy grande, sobretodo si tienes la oportunidad de irte de tu país y tocar con monstruos de otras latitudes, eso es aplastante, la música es mucho más grande.

¿A qué te dedicas hoy?
Vivo en Londres desde el 2005. Comencé haciendo flamenco y dando clases. De a poco fui conociendo gente y tuve que armarme de una personalidad más fuerte porque allá la gente es intensa, sobre todo los flamencos.
Al principio vivir allá fue chocante porque pasé de trabajar con amigos a lidiar con personas que muchas veces te faltaban el respeto. Afortunadamente el flamenco se hace cada vez más universal, los flamencos viajan más fuera de España y se relacionan con gente de todas las naciones, lo cual hace que haya mejores relaciones interpersonales.
Actualmente estoy enamorado de la producción, me gusta también hacer canciones y estoy participando nuevamente en una compañía de flamenco, mis horas de estudio eso sí, se han visto reducidas a una cantidad muy pequeña.


jbravoDe todas tus actividades, ¿la producción es lo que más te gusta?

Sí, hoy es mi pasión. La gente me manda demos de discos o temas y yo los arreglo. He hecho discos de flamenco fusión con son cubano, canciones más pop, de todo un poco.
Me gustaría dedicarme más a eso, antes era sólo tocar en escenarios, pero actualmente elijo las tocatas que quiero hacer.

La mayoría de tus discos son autoproducidos por ti…
Sí, he grabado Choni Castillo (2001); A ras de tierra (2002) con un Fondart; Sol y Sereno (2003); Sentencias (2011), que mezcla un poco de flamenco con latinoamericano y cuenta con la participación de la cantante Mor Karbasy; e Imposturas (2012).

¿Qué estás presentando en Chile en esta oportunidad?
La verdad es que en esta visita tenía la intención de hacer actividades más familiares, pero Fernanda García me contactó para hacer un concierto en la Fundación Cultural de Providencia y opté por presentar Imposturas, que es mi disco soñado.
En esta producción participó Felipe Candia, uno de mis músicos favoritos y otros músicos de UK y en ella se encuentra mi lenguaje, a pesar de que el primer tema es una guajira.
Imposturas me tomó mucho tiempo hacerlo, por ejemplo, la guajira que te comenté se demoró cuatro años. Hacer un disco lo veo como la pintura que voy corrigiendo y arreglando.

Eres considerado uno de los mejores exponentes de la guitarra flamenca de Chile, ¿percibes el interés que despiertan tus visitas o no eres muy consciente de ello?
Hubo una época en la cual trabajé duro y mucha gente, incluyendo mis colegas, vieron los frutos de ese trabajo. Yo nunca he hecho las cosas para la gente, pero obviamente es gratificante sentir ese reconocimiento, incluso de personas que no conocía cuando vivía en Chile y que hoy me escriben por Facebook.
Eso es súper lindo y es curioso: saliéndome del flamenco me han pasado las cosas más bellas del flamenco, como cuando hace poco tiempo, en un concierto junto a Mor Karbasy y la hija de Tomatito, éste último me invitó a tocar con él un tema del disco nuevo de su hija, algo que jamás imaginé.
Eso es algo tremendo, que gente como él valore lo que haces y vea algo en ti, especialmente cuando tu música es distinta.

Jorge Bravo en Chile

Viernes 29 de mayo: Fundación Cultural de Providencia (Nueva Providencia 1995), 19.oo hrs, gratis – Entradas agotadas

Sábado 30 de mayo: La Fragua (Av. Irarrázaval 1520-A, Ñuñoa), 21.00 hrs, $5.000 público general y $2.500 socias (os) Aflach.

Martes 2 de junio: Clase magistral para guitarristas en La Fragua, 11.30 hrs, Gratis socios Aflach – $15.000 (válido para tomar la clase y asociarse hasta abril de 2016).

 

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