Andrés ‘Pituquete’ Hernández: ‘Sin prisa pero sin pausa’

En el camino que alguna vez soñó y cumpliendo paso a paso sus desafíos, así describe Andrés ‘Pituquete’ Hernández el actual momento de su carrera. Radicado en Sevilla, acaba de estrenar “Barrio de Santiago”, un disco de ocho temas en el cual buscó reflejar una etapa de su vida. Sobre su experiencia en España y su nueva producción, Llevaneras.cl conversó con el guitarrista chileno.

Sólo cuatro años Andrés Hernández estudió guitarra flamenca en Chile. Lo hizo con Carlos Lederman, a quien además de deberle su primera formación, le debe el sobrenombre de ‘Pituquete’. “Por mucho tiempo Carlos y mis compañeros me llamaron así, sin enterarme. Al principio me cargó, ¡lo odié!, pero con el tiempo lo terminé asumiendo y hoy en España todos me conocen como el Pitu”, comenta.

Desde un comienzo Hernández quiso estar en España, es por ello que el 2000 viajó para estudiar con Manolo Sanlúcar en Córdoba y luego, el 2002 y 2003 con Rafael Cañizares en Barcelona. “Tener al maestro de tu maestro (Sanlúcar) fue una experiencia muy fuerte, había mucho camino por delante y no quería dedicarle energía a otra cosa que no fuera la guitarra”.

A pesar de su intención de quedarse en tierras andaluzas, Andrés regresó a Chile a estudiar composición y arreglos en la Escuela Moderna de Música y luego en la Universidad Mayor, graduándose como Licenciado en Pedagogía en Música. En el 2007 vuelve a España, esta vez para radicarse en Sevilla.

¿Cómo ha resultado la experiencia de vivir en España?

Me siento muy cómodo viviendo allá, aunque al principio fue un poco difícil, ya que cuando llegué a Sevilla no conocía a nadie, sólo a Yolanda Heredia, con quien había tenido contacto cuando vino a dictar un curso a Santiago.

Cuando llegué, una amiga me recibió por unos días mientras buscaba alojamiento. Así comencé, yendo a las academias para acompañar en las clases, conociendo a guitarristas que luego me ofrecieron reemplazarlos, presentándome en La Carbonería o acompañando a alumnas en sus espectáculos.

Luego de tener que generar oportunidades, ¿qué ha sido lo más complejo?

He cambiado mi forma de tocar dos o tres veces, ya que tuve que buscar ecuanimidad para tocar para cante, baile o solo. En un espectáculo de pronto he tenido que tocar un solo de guitarra, después acompañar un cante y luego un baile. Es por ello que uno debe estar bien para las tres cosas: que no te salga bruto, saber meter la mano para el baile y para el solo volver a tener motricidad fina. Eso implica saber utilizar tu fuerza y tu energía. Es un trabajo difícil, pero resulta muy interesante aprenderlo allá.

¿Algo que en Chile no podrías experimentar?

Es que estando allá te das cuenta de muchas cosas. Todo el tiempo estás confrontando cuánto sabes. A veces te piden tocar por malagueña, pero puede ser la del Mellizo, la del Chacón… o un bailaor te pide que hagas un solo, etc. Eso te obliga a cubrir muchos flancos.

Además, vivir en Andalucía te entrega el aire, el soniquete… cuando los oyes hablar o estás en Cádiz, por ejemplo, entiendes por qué las alegrías son así.

¿Has logrado ya estar dentro del circuito?

Soy estable dentro de mi inestabilidad (ríe). No estoy en ningún lugar en forma permanente, pero cada dos semanas me llaman para tocar en tablaos u otros lugares. Además he tenido la oportunidad de acompañar a artistas como Marcos Jiménez y a José y Encarna Anillo, que han sido grandes experiencias.

También ganaste el Festival Niño Ricardo, ¿qué te motivó a participar?

El 2008 obtuve el primer premio para guitarristas no españoles en el III Concurso Internacional de Guitarra Flamenca Niño Ricardo. Nunca había estado en una instancia así y me parecía interesante tener esa experiencia. Además, me sirvió para tener más temple. Fue muy motivador tocar en frente de Serranito, Gerardo Núñez o Félix Grande. Recuerdo que la primera jornada tuve que tocar después de Antonio Rey, quien ganó la versión de guitarristas españoles ese año, así es que puedes imaginar lo que se siente estar ahí.

¿Cuáles son tus grandes referentes?

Por lejos, Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, ambos desarrollaron magníficamente la técnica, la armonía y la composición. Llevaron la guitarra a un sitio de máxima complejidad que difícilmente podrá ser superado. Paco es un genio vivo e hizo demasiadas revoluciones, al igual que Manolo.

Sin embargo, hay muchos guitarristas que me gustan. Uno es Serranito, aunque no ha evolucionado tanto como Paco y Manolo. Otros son Vicente Amigo y Tomatito, dos figuras internacionales, y Juan Carlos Romero, quien es brillante en la composición y producción de discos.

También me gusta Gerardo Núñez y Cañizares, su disco “Noches de mar y luna” es para mi uno de los mejores. Tampoco puedo dejar de mencionar a Moraíto y a Parrilla de Jerez, grandes en acompañamiento… actualmente Daniel Méndez y Diego del Morao son los que me sacan el ole.

¿Qué opinas del flamenco que se está haciendo en España?

En términos generales el flamenco ha alcanzado un gran desarrollo. Conseguir un teatro es difícil porque el nivel mínimo ya es muy bueno. De todos modos, a veces no me encuentro con propuestas originales. Me doy más cuenta de aquello en los conciertos de guitarra, donde ves a artistas que responden más que nada al lenguaje estándar de la época y se escucha la clara de influencia de Paco, desde Siroco hasta Cositas Buenas.

Y tú ¿cómo definirías tu estilo?

Difícil pregunta… creo que más que nada intento hacer las cosas con buen gusto y conocimiento. Cuando vas creciendo con la guitarra comienzas a pensar como músico más que como mero guitarrista. A veces tienes tantos elementos que quieres ocuparlos todos, pero definitivamente con menos se hace más.

Al momento de la composición me voy guiando por lo que la intuición, por el gusto, aunque siempre procuro que tenga coherencia. Actualmente me dedico mucho a estudiar técnica, armonía, cante y baile, pero tampoco me quiero volver loco estudiando, voy, como dice el refrán, sin prisa pero sin pausa.

Y ahora acabas de lanzar tu primer disco…

Se llama “Barrio de Santiago”. Son ocho temas y es una producción independiente, sencilla y poco pretenciosa. Grabé la primera y segunda guitarra y tiene palmas, cajón y tambor chamánico.

El disco tiene un lenguaje y un discurso homogéneo. No quise utilizar muchos recursos pensando en que al momento de tocarlo en vivo no tuviera la necesidad de contar con dos cantaores o tres percusionistas. Además, tenía el desafío de crear un disco que se sostuviera en la guitarra y no de introducir demasiados elementos.

A pesar de tu juventud ¿qué balance haces de trayectoria?

Siento que estoy en el camino correcto, en el que me planteé en un comienzo y en el que estoy dando buenos pasos. Hasta el momento he tenido una realización importante y tengo la grata sensación de decir: sé lo que hago y tengo algo que decir. “Barrio de Santiago” es parte de ello, es un disco que refleja una etapa de mi vida. Tal vez el segundo o tercer disco sean mejores que éste y ya no me identifique en nada, pero para mí esta producción era necesaria. Surgió más que nada para romper el hielo y dejar de esperar el momento adecuado.

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