Felipe Candia: “La gente menosprecia el cajón”

Fotografía: Marcos Oyarzún

Baterista por antonomasia, Felipe Candia reconoce su atracción por el flamenco, pero no la única ni la definitiva. Si bien hoy no está vinculado al flamenco de forma constante y sus energías se concentran en el relanzamiento de su banda de latin jazz “Felipe Candia y el Causeo”, el músico es sin lugar a dudas una voz autorizada en el medio al ser uno de los primeros y escasos percusionistas flamencos de Chile.

Con voz certera, Candia no sólo se aventura a hablar de su visión de la percusión en el flamenco sino constata el panorama poco alentador que esta variante está teniendo en nuestro país, dada la escasez de exponentes y peor aún, por el poco interés que despierta aprender cajón.

¿Qué te atrajo del flamenco?

Para un percusionista el flamenco es fascinante porque tiene muy poco de occidental. Las métricas de 12 son muy poco comunes en otros estilos musicales. Lo que más me llamó la atención fue la complejidad rítmica del flamenco.

La verdad es que al principio no entendía nada, pero poco a poco fui aprendiendo, anotando algunos patrones… fue un proceso muy autodidacta. Nunca he estudiado formalmente, pero he investigado y escuchado mucha música y cada vez que viene alguien de España trato de tomar contacto con ellos.

¿Quiénes te ayudaron en ese proceso inicial?

Jeaninne Albornoz me ayudó mucho. Fue una etapa, a fines de los 90, en que ambos nos fuimos nutriendo de nuestros conocimientos. En aquella época no teníamos acceso a muchos discos o información, por lo que fui aprendiendo en base a la comprensión de los bailes que se montaban, a descifrar lo que se requería para cada baile. También aprendí mucho en Palo Santo, con Jorge Bravo, Natalia García-Huidobro y Claudio Villanueva. Ese período fue vital.

“La percusión ha avanzado mucho en términos tímbricos y se han sumado nuevos instrumentos, pero básicamente es lo mismo. Los patrones de los discos de Paco de Lucía de los 80 se siguen tocando hoy”

¿Alguna vez sentiste que el flamenco te quedaba grande?

Sí, una vez tuve la oportunidad de conversar y tocar junto a Pepe Motos cuando vino a Chile con Sara Baras y su espectáculo “Juana la Loca”. En aquel momento ya tocaba bastante flamenco, pero cuando lo escuché me di cuenta de que usaba una técnica de toque muy antigua, más bien de cajón peruano ¡y que mi sonido de cajón era horrible!

Tiempo después tuve sentimientos encontrados cuando viajé a España. Vi tanto flamenco sin cajón, con sólo acompañamiento de palmas, que se me quitaron las ganas de tocar. Aquello sirvió para darme cuenta de la importancia de esta forma de acompañamiento y decidí estudiarla de manera más acuciosa.

¿Descubriste algo especial en las palmas?

No tenía una idea preconcebida de ellas, simplemente me dediqué a investigar. Siempre las había hecho, pero comencé a centrarme en buscar diferentes volúmenes y timbres, todo ese proceso y las diversas opciones que ofrece, me atrae mucho.

Rubem Dantas señaló en una entrevista que la percusión ya había aportado todo al flamenco ¿estás de acuerdo?

Su opinión probablemente se da porque forma parte de los primeros percusionistas flamencos y personalmente estoy de acuerdo. Creo que la percusión ha avanzado mucho en términos tímbricos y se han sumado nuevos instrumentos, pero básicamente es lo mismo. Los patrones de los discos de Paco de Lucía de los 80 se siguen tocando hoy.

Quizás uno de los principales cambios actuales se da en la bulería, donde se vuelve a escuchar en discos bulerias tocadas de forma tradicional, por tres o seis tiempos, lo cual evidencia una vuelta al flamenco de origen. Ojalá en la música chilena pasara lo mismo, que avanzara respetando su pasado.

Para ti, ¿cómo debe ser la percusión dentro del flamenco y qué te gusta tocar?

La veo como un aporte, el cual muchas veces consiste en quedarse en silencio, en dejar que otros se luzcan y que sólo en determinados momentos el cajón haga su aparición. Y me gusta la seguiriya especialmente por la sensación que provoca la repetición del patrón rítmico, también me gusta la bulería porque me otorga una libertad que la asocio un poco con el jazz.

¿Hay alguna relación entre el jazz y el flamenco?

Hay un tema de origen social que es común a ambos estilos. El jazz nace de los esclavos negros en Estados Unidos y el flamenco surge de una cultura gitana perseguida en España. Además, se da algo especial en términos de convivencia, con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

Y en términos musicales, el flamenco actual se está acercando más al jazz por un tema de armonías, lo cual me parece muy bien porque el flamenco ha sido más bien cerrado y se rige bastante por patrones muy básicos.

¿Pocas opciones de que mejore el panorama en el corto plazo?

Lamentablemente no veo un futuro muy auspicioso. De pronto aparecen algunos interesados en aprender, pero así como vienen, se van, además, creo que mucha gente menosprecia el cajón porque piensa que es fácil, pero a poco andar advierten su dificultad. Hasta ahora no he visto a nadie, excepto a Marcelo, que haya logrado un buen nivel en percusión flamenca. Además, veo el cajón un poco en retirada, lo cual es por una parte es bueno porque se le puede dar más valor a las palmas, pero el cajón no debiera irse nunca del flamenco.

También el flamenco se ha acercado bastante a lo latino…

Sí, desde hace tiempo que el flamenco viene mirando a Latinoamérica y ha incorporado trompetas, tumbadoras y muchos otros instrumentos. Pero no lo generalizaría, creo que más que nada obedece a un fenómeno acotado que tiene que ver con un estilo comercial de flamenco y la búsqueda, absolutamente válida, de muchos artistas que desean explorar otras posibilidades rítmicas y enriquecer el flamenco. Que Poveda haga uno o dos discos más “jazzeros” no significa que vuelque su carrera hacia ese estilo, ni mucho menos que el flamenco abandone su raíz.

¿Has pensado introducir batería en el flamenco?

Es difícil por volumen, pero me encantaría. Sería como juntar dos cosas que me gustan mucho. Tino de Geraldo tocó batería con José Mercé y sonó increíble. De todos modos lo he hecho con Andrés Hernández, hace tiempo atrás, pero requiere de un soporte técnico difícil de lograr.

¿Cuáles son, a tu juicio, los principales percusionistas flamencos?

Me cuesta hacer una selección, pero me gustan Rubem Dantas, Tino di Geraldo, Antonio Carmona, Chaboli y Ramón Porrina. De los más actuales me gustan Lucky Losada y Piraña.

“Lamentablemente no veo un futuro muy auspicioso. De pronto aparecen algunos interesados en aprender, pero así como vienen, se van, además, creo que mucha gente menosprecia el cajón porque piensa que es fácil, pero a poco andar advierten su dificultad”

¿Qué es lo que más te gusta de ellos?

También es difícil describirlo, pero me gusta su capacidad para meterse en medio de la música de forma simple y en el momento preciso, de nunca quedar fuera de lugar, de esa sensibilidad para estar siempre por debajo, de añadir elementos extra a lo básico, de los que sólo te das cuenta cuando pones atención.

¿La velocidad en el toque no es un componente que te atraiga?

No porque creo que eso tiene que ver más que nada con una destreza física, con un proceso mecánico, con algo que se logra con entrenamiento. Lo que me a mi me atrapa es la musicalidad de un cajonero.

¿Cuál fue al aporte de los primeros percusionistas al flamenco?

En sintetizar la percusion intrinseca del flamenco en un instrumento y tocar los patrones que hoy todos tocamos, por ejemplo, si uno escucha un disco de la Paquera de Jerez y transcribes todos los elementos percutidos, te das cuenta que ahí está todo, sólo en las palmas, los pies y la guitarra.

¿Te llaman la atención algunos discos en términos de percusión?

No suelo escuchar discos fijándome en la percusión, siempre lo hago desde un punto de vista más integral, sin embargo, algunos que me llamaron la atención son “Tierra de calma” de Miguel Poveda, “Agua Dulce” de Tomatito, “Potro de rabia y miel” de Camarón de la Isla, “Entre vareta y canasta”, de Diego El Cigala, “Cositas Buenas” y muchos otros de Paco de Lucia.

Flamenco en Chile

¿Cómo ves la evolución de la percusión en Chile?

Lenta, muy lenta. No sé por qué ocurre eso en el flamenco chileno, pero definitivamente la percusión no ha prendido en Chile. Hay mucha gente tomando clases de baile y guitarra y muchas bailaoras han estudiado conmigo para complementar sus estudios, pero hay poca gente dispuesta a dedicarse el cajón.

Por largo tiempo yo fui el único percusionista flamenco y hubo un momento en que casi me volví loco tratando de aprender los bailes de muchas escuelas. Por eso, cuando llegó Marcelo Montero sentí un verdadero alivio.

Tal vez una de las razones para el decrecimiento de la percusión es que el medio chileno sigue siendo muy pequeño y difícil. El flamenco requiere de muchas horas de estudio y dedicación y hasta hoy siguen habiendo muy pocos espacios y público, lo que se traduce en una carrera extremadamente poco rentable.

¿Pocas opciones de que mejore el panorama en el corto plazo?

Lamentablemente no veo un futuro muy auspicioso. De pronto aparecen algunos interesados en aprender, pero así como vienen, se van, además, creo que mucha gente menosprecia el cajón porque piensa que es fácil, pero a poco andar advierten su dificultad. Hasta ahora no he visto a nadie, excepto a Marcelo, que haya logrado un buen nivel en percusión flamenca. Además, veo el cajón un poco en retirada, lo cual es por una parte es bueno porque se le puede dar más valor a las palmas, pero el cajón no debiera irse nunca del flamenco.

“Más bien hoy me dedico a sentir y no a analizar el flamenco. Quizás más adelante tenga ganas de meterme nuevamente de lleno en él, a buscar elementos más virtuosos”

Y en las otras “aristas” del flamenco chileno, ¿cuál es tu apreciación?

Por un momento, hace unos cinco años, se avanzó más rápido y con alto crecimiento artístico. Actualmente siento que la evolución es más lenta, pero segura. Para mi gusto el medio se está depurando y hoy tenemos a guitarristas en Europa como Jorge Bravo, Andrés Hernández, Claudio Villanueva y Javier Vega. A su vez, muchas bailaoras están viajando a España para tomar clases en academias de renombre. En ese sentido me parece que Cathy Sandoval y Daniela Gallardo son dos nuevas bailaoras chilenas que han logrado destacar en el medio nacional.

En definitiva, actualmente podemos decir de muchos que nos puede o no gustar su estilo, pero no que no saben, como sí pasaba antes

¿Qué proyectos artísticos tienes actualmente?

Estoy rearmando mi grupo “Felipe Candia y el Causeo”, un quinteto de latin jazz integrado por Lautaro Quevedo, Daniel Espinoza, Franz Mesko, Marcelo Córdova y yo, que nació en 2004 pero que, por precisamente dedicarme al flamenco, quedó en el camino.

¿Y cómo te relacionas hoy con el flamenco?

Tengo una relación de amor y odio con él. A veces lo abandono para luego volver a quererlo. Además, a mi gusta la batería y otros estilos como el jazz, el latin jazz, el rock y el pop rock. Actualmente no estoy vinculado a ningún proyecto de flamenco en términos de espectáculo o agrupación, pero sí me interesa enseñar a hacer mejores palmas. De hecho este mes comencé un taller en la academia Flamenco Vivo, de Jeaninne Albornoz.

¿Sientes que ya aprendiste todo en flamenco?

Aunque sé que puedo tocar en cualquier lugar, no lo sé todo. No sólo en flamenco, sino en cualquier estilo tener esa sensación sería comenzar a descender. Sí asumo que ya no estudio tanto como antes, pero más bien hoy me dedico a sentir y no a analizar el flamenco. Quizás más adelante tenga ganas de meterme nuevamente de lleno en él, a buscar elementos más virtuosos… hoy me siento dormido en los laureles, pero no en un sentido negativo, sino busco en el flamenco lo más simple, lo que me nace.

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