El nuevo comienzo de Angela Fernández Jun07

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El nuevo comienzo de Angela Fernández

Angela Fernández lleva más de 20 años ligada al cante flamenco. Se ha presentando en diversos lugares acompañando a agrupaciones y academias de baile y ha actuado en diversos países. El escenario y el flamenco no son nuevos para ella, pero por estos días algo es diferente. Tras vivir un convulsionado 2012 la artista tomó decisiones, montó su propia compañía y está a punto de grabar un disco. Hoy Angela se encuentra al mando y lo siente como un nuevo comenzar.

 

En medio de ensayos y antes de partir al Festival “Mendoza Flamenca” Angela Fernández hace un alto para esta entrevista. Está contenta y emocionada frente a los nuevos pasos que está dando. Tiene una vasta experiencia como cantante, pero en la actualidad está en una etapa crucial, especialmente porque hoy se encuentra a la cabeza de varios proyectos. El más inmediato, un disco de boleros “aflamencados”, dos de los estilos musicales que más le apasionan.

 

¿Cómo fue tu encuentro con la música, cómo llegaste a ella?
A través de mi papá. El cantaba y tenía una banda de boleros muy grande llamada “Los Zenit”, era batero y yo crecí en medio de ensayos, la casa estaba siempre llena de gente, siempre veía muchos instrumentos y alucinaba con eso. Aún guardamos recuerdos con mi padre cuando él me hacía cantar a los cinco años junto al grupo.

Creciste entonces con la música…
Sí y me costó mucho terminar el colegio porque desde chica me dediqué a cantar. Yo no soy de Santiago, soy de Curicó, y desde los doce años me iba a los festivales de canto donde fuera, al Norte o al Sur. Al final, terminé el colegio como tres años más tarde de lo que debió haber sido.

¿Cómo comienzas a relacionarte con el flamenco?
En mi casa se escuchó de toda la vida música española. A los diecinueve años me vine a Santiago, había un programa de concursos de la televisión que se llamaba “Escala al éxito” y fui a participar. Fui ganando etapas, gané el año y al final me tocó con un español llamado Cecilio Lara que andaba recorriendo Chile. En ese momento era acompañado por personas del Estadio Español y uno de ellos me dijo: “Oye, tú cantarías muy bien flamenco”, y fue así como me acerqué a este mundo. Luego conocí a Miguel Jordá quien me enseñó a cantar.

¿Recuerdas la primera vez que escuchaste flamenco?
Claro y se me pusieron los pelos de punta, algo que no me había pasado con otros ritmos, y que aún no me pasa con nada más. Cuando escucho a alguien o veo a alguien bailar me dan ganas de llorar, me sigue pasando hasta hoy.

Desde cuando tenías 19 años, ¿cómo se fue gestando tu carrera?
Mi primera meta fue irme de Curicó, porque a pesar de que yo amo mi ciudad, sabía que tenía que venir a Santiago para tener oportunidades en el canto. Luego fui moviéndome poco a poco, cantando en bares y locales y así logré afirmarme en Santiago.
Cuando entré al flamenco estuve muchos años trabajando en la academia Embrujo de Pedro Fernández, hasta que después me dediqué sola. Pero siempre desarrollé varios estilos musicales en mi carrera, comencé de chica cantando boleros y llegué al tango al mismo tiempo que al flamenco.

¿Qué recuerdos tienes del flamenco cuando comenzaste, en los 90?
Yo estaba empezando a aprender flamenco y habían lugares donde podías escucharlo. Era un ambiente más bohemio, más nocturno y under que ahora. Había un lugar donde siempre íbamos que se llamaba el “Sancho Panza” y otro que estaba en 11 de Septiembre, el Olé Olé. Estos bares eran lugares estables, pero había otros restaurantes que en esa época llevaban flamenco a sus espectáculos, pero sólo en algunas ocasiones.

¿Y cómo fue para ti comenzar a acompañar baile en aquel período?
Fue maravilloso, agradezco tanto esa experiencia porque siento que cada día que acompaño baile con mi cante aprendo un poquito más.

¿Nunca intentaste bailar?
Sí, algo sé y me muevo un poquito, pero pastelero a tus pasteles. Lo mío es el cante y allí me quedo. Tengo muchísimo respeto por el baile y me siento poderosa cuando puedo acompañar a alguien con mi cante.

¿Cómo ves el flamenco chileno actual?
Hay gente buenísima, hay guitarristas alucinantes, pero me duele un poco eso de aclanarse, de no apoyarse y de que haya un grupo de buenos y otro de malos. Me imagino que se da en todos los ambientes y países, pero a veces me apena. Por ejemplo en Argentina los artistas flamencos van a ver sus espectáculos y difunden los de los demás, aquí eso escasea.
Creo que debieran bajarse esas barreras, que todos seamos capaces de apoyar el trabajo del otro, independiente de si te gusta o no, porque eso implica que los públicos se abran aún más para el flamenco en Chile. Pero te aclaro, que no es por mí específicamente, sino porque creo que todos podríamos llegar mucho más lejos si existiera ese ambiente de colaboración.

¿Cómo has llevado tu proceso de aprendizaje en el cante flamenco?
Mi principal fuente de conocimiento siempre fueron los guitarristas. En una primera etapa era complejo porque no había tantas herramientas como ahora, ellos te tarareaban algo y una tenía que tratar de entenderlo. En ese momento no había alguien que te dijera: “Mira, esto es así y es por 12 o para aquí, el acento es acá”. No había nada de eso, era un aprendizaje muy intuitivo.

Esa experiencia, ¿cómo repercutió en tu carrera artística?
Era tan difícil en esos años porque tenías que imaginar cómo eran las canciones que estabas ensayando, no tenías dónde revisar si lo estabas haciendo bien o no, yo creo que fue tan complicado que hoy en día hace que aprender, teniendo los recursos como Internet y la televisión, me sea más fácil.
Fue una etapa de mucho esfuerzo, pero hoy la recuerdo y la agradezco, y es que siempre doy gracias por las cosas que me han pasado en mi carrera, buenas y malas, ya que de todas ellas he aprendido y sé que me seguirán ocurriendo.

“Aprendí a tener muchísimo respeto por el flamenco. La primera vez que estuve en España lloré toda la noche. Vi que estaba tan lejos y me conmovió el abismo existente entre lo que uno sabe y lo que cantan en España, pero me sirvió para enfrentar lo que tenía por delante, lo que debía aprender. Además me di cuenta que tampoco estaba en cero, que cada uno tiene lo suyo y que algo de eso me iba a servir para seguir adelante”

Angela Fernández acompañando a Concha Jareño en Bienal de Maracaibo 2013.

 

¿Cómo te planteas frente al canto flamenco?
No me creo una erudita ni que lo sepa todo, pero hoy prefiero aprender de esa manera antigua que te comenté, en vez de mirar y copiar lo que está en Internet. De cierta manera así me acostumbré. Aunque también aprendo cuando llegan y me piden acompañar por seguiriya, entonces tengo que poner atención, prestar oído y encontrar una manera de aplicar lo que aprendo según las nuevas exigencias.

¿Crees haber alcanzado un estilo propio en el flamenco?
No lo sé, no sé si canto más o menos flamenco. Sale como lo siento, no me empeño en cantar para que me salga igual a un disco o como una determinada cantaora. Yo me aprendo la letra que me gusta y la expreso de la forma que puedo y siento.

Pero imagino que tendrás algunos referentes…
Sin duda. Remedios Amaya y Carmen Linares me gustan mucho, Camarón y Miguel Poveda también… la lista es interminable. Pero mis favoritas son las dos cantaoras que te nombré. Cuando las escucho a ellas me llegan al hueso, no tomo muy en cuenta la técnica o la forma en que cantan, sino simplemente en lo que me provocan. Es un cante que te hace sentir y eso me gusta.

¿Hay ciertos palos que te acomodan más?
Las alegrías, la rama de las caracolas. Me encantan sus melodías, esa cosa tan livianita y tan a compás… me imagino el mar, Cádiz y las personas. Me gusta ver bailar alegrías y caracolas, las encuentro livianas y pesadas a la vez, no sé. Yo soy alegre y tal vez se conecte más con mi personalidad.

¿Cómo sientes palos como las soleá y seguiriyas?
Me cuestan más, las siento más oscuras, como lo que son. Una vez recuerdo que tomé clases en España y el maestro me dijo: “No todas las personas pueden cantar todos los palos del flamenco, porque para cantar seguiriyas tienes que tener la garganta ronca, una voz dulce puede no expresar bien una soleá”.

¿Qué clases tomaste en España?
He tomado clases con cantaores como El Talegón y El Chico. Con la compañía Embrujo fui tres veces a España y aproveché esas instancias para tomar clases. También tomé los certámenes a los que íbamos con la agrupación para aprender.

¿Después de esos viajes abordaste el flamenco de una manera distinta?
Aprendí a tener muchísimo respeto por el flamenco. La primera vez que estuve en España lloré toda la noche. Vi que estaba tan lejos y me conmovió el abismo existente entre lo que uno sabe y lo que cantan en España, pero me sirvió para enfrentar lo que tenía por delante, lo que debía aprender. Además me di cuenta que tampoco estaba en cero, que cada uno tiene lo suyo y que algo de eso me iba a servir para seguir adelante.

¿En qué etapa de tu carrera te encuentras hoy?
Después que Pedro Fernández viajó a España formé mi propio grupo, Palenque, con el cual hemos tenido varias presentaciones, como la Bienal de Maracaibo, donde presentamos una obra muy bonita. Además, el 8 de junio grabaré un disco en vivo, un proyecto que después de muchos años logré concretar.

Es la primera vez que te pones al mando, ¿cómo lo tomas?
Estoy contenta. 2012 fue un año complicado, tuve algunas pérdidas y me pasaron cosas buenas también. Hoy estoy muy bien plantada, segura. Tengo cosas concretas. Este minuto es muy importante, porque lo siento como el comienzo del resto, sin desmerecer lo ya hecho. Pero desde este año es un nuevo comienzo y quiero concretar una mini gira por Latinoamérica, entre muchos otros proyectos.

Háblame de tu disco, ¿es flamenco?
Se llama “Compromiso” y son boleros “aflamencados”. Es un disco fusión que se va a grabar en vivo porque quería transmitir la energía del público y plasmar lo que voy sintiendo en el minuto. Luego de la grabación el material será editado en Buenos Aires.
En la oportunidad me acompañan Alberto Faraggi, guitarra, arreglos y dirección musical; el argentino Pipi Manzano en coros y percusión; Yerko González, guitarra; Raúl Orellana, violín; Alfonso Vergara, clarinete; Camilo Candia, bajo; Lautaro Alvarez, percusión; Tiano Bless, percusión y palmas; Daniel Remedi y Tomás Aguilera, palmas y coros.

Luego de todos estos años en el flamenco, ¿qué es lo que te interesa transmitir hoy?
Me gusta que la gente sienta la pena cuando estoy cantando una pena y sienta la alegría cuando estoy cantando cosas alegres. Quiero dar vida, suena pretencioso tal vez, pero cuando escucho alguien en la calle y me llega hasta a los huesos, eso busco yo. A estas alturas, sólo quiero decir: mira las cosas que he pasado.

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