Yolanda Heredia: “El flamenco forma parte de tus propias emociones”

Desde hace nueve años Yolanda Heredia viene a dictar cursillos a América Latina, lo hizo primero en Argentina y posteriormente en Chile. Más allá de los seminarios, la bailaora sevillana encontró en esta parte del continente una especial conexión, que sin lugar a dudas la ha marcado en forma personal. Respecto de sus experiencias en Latinoamérica y su visión de la docencia en el flamenco, entre otros temas, conversamos con la artista en su última visita a Santiago, en octubre pasado.
Este año nos visitaste en septiembre para dictar un cursillo de baile, y luego en octubre, para ofrecer uno de cante, ¿cómo resultó esta experiencia siendo bailaora?

Ha sido un regalo muy grande y me hace recordar por qué amo tanto mi cultura. Es una gran satisfacción ver cómo compañeros y amigos que asisten a clases encajan ese amor por el flamenco desde un sitio más simple y directo. Y bueno, al ser bailaora trato de transmitir la importancia de ofrecer tu baile en un escenario teniendo al mismo tiempo el relajo interno suficiente para realmente escuchar lo que pasa atrás, lo que te cantan, cómo te lo cantan y desde dónde, y hacer de ese modo que tu baile alcance esa sintonía, que no llegue al público sólo a nivel coreográfico o estético, sino complementar las dos cosas.

¿Dónde radica el valor del flamenco y que lo ha hecho traspasar sus fronteras?

El flamenco es muy visceral, tiene que ver con Africa, con la cultura andalusí o mozárabe, es la mezcla de la cultura gitana y castellana, es una fusión que está muy cerca de la tierra y el pueblo. Y su valor está en que el flamenco forma parte de tus propias emociones, se enriquece desde tus vivencias, de tu personalidad, de un poder que sólo tú puedes dar. El flamenco te obliga a profundizar contigo mismo, a fundir tus emociones con lo que has estudiado.

¿Crees que el flamenco está más valorizado fuera de España?

El flamenco se ha ganado un lugar en España y sobre todo en Andalucía y fue el choque de culturas el que hizo que el flamenco esté en constante evolución y que hoy dé lo mismo ser de la nacionalidad que sea. Eso sí, en el resto de España está más limitado y se ofrecen producciones o espectáculos de alto estándar, pero comerciales, lo cual es una pena.

¿Y no persiste una discriminación hacia los gitanos?

La hay, pero la considero hasta parte del encanto, no quiero verla desde lo negativo. Hoy puedes ver simbolismos en la manera de hablar e incluso entre compañeros, que dicen: “Ay qué gitano suena esto”, aduciendo a lo más visceral o “esto es más payo”, pensando en un enriquecimiento a nivel musical, pero eso no significa algo malo. Es difícil separar estos ámbitos porque los dos se logran naturalizar el final. Al menos ésa ha sido mi experiencia.

Has visitado reiteradas veces América Latina, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención?

El sentido de la humanidad. En estas tierras he visto una manera más simple de vivir, un encuentro más cercano entre las personas.
Lo que te digo resulta contradictorio, porque la fama de la gente del sur de España es precisamente ésa, pero en el último tiempo nos hemos “europizado” más. Estando aquí recuerdo mi niñez, de cómo se vivía hace bastante años allá. Aquí se da otro sentido con el tiempo, es otro “estar”.

Latinoamérica me ha marcado de la forma más profunda y como creo que tienen que ser las cosas. Cuando algo te enamora, cuando algo te hace recordar lo que tiene que ver contigo, con tu manera de sentir o caminar en la vida. Para mí es muy importante volver aquí porque me alimenta para el resto del año.
¿Cuán relevante ha resultado la docencia en tu carrera?

Es la base, amo la docencia y lo que entrego. Enseñar me da muchas satisfacciones y claro, es duro porque viajas mucho, pero especialmente en esta etapa de la vida estoy recibiendo muchas gratificaciones. Es el eje de mi vida y cuando subo al escenario trato de ser lo más fiel posible a lo que transmito en clases. Siento esa responsabilidad y procuro no olvidarlo.

Más allá de lo técnico, ¿qué buscas transmitir a tus alumna(o)s?

Que no pierdan el enamoramiento hacia el flamenco, que comprendan que las limitaciones existen para crecer junto a ellas y que no pierdan la pasión, porque anular el corazón en el acto hace que todo se convierta en una carrera sin fondo. Te pierdes porque el flamenco es infinito y la única guía es cuidar tu estar interno frente a lo que estás aprendiendo. Eso genera tu personalidad y es lo que vale en el flamenco.

¿Qué se necesita para bailar bien el flamenco?

Amarlo y comprender que, como cualquier modalidad, va a causar muchas frustraciones, las cuales debes considerar como parte de tu enriquecimiento y que tarde o temprano te traerán todas las recompensas.

¿Qué proyectos tienes tras tu paso por Chile?

Estoy cerrando algunos proyectos en Buenos Aires para montar un espectáculo que reúne el tango argentino con una de mis mayores herramientas: la bata de cola. Afortunadamente, cuento con muy buenos músicos de tango y probablemente pueda también traer muy buenos compañeros de flamenco.

En lo personal, a raíz de una serie de ceremonias indígenas que viví aquí, en Pirque, estoy organizando en España un encuentro con una de las principales líderes espirituales de este continente.

Es fundamental para mí llevar las experiencias vividas en Chile a mi gente. Esto, porque me entristece ver cómo grandes artistas del flamenco, al mover tanta emoción y poder y llenarse de tanta magia en el escenario, tienen grandes dificultades para reordenar sus vidas y se refugian en el alcohol y las drogas, acortando sus vidas. Espero, egoístamente y por mi propio gusto, que a través de estos encuentros puedan encontrar la manera y que el flamenco esté más sano.

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