Francisco Delgado

Francisco Delgado: Flamenco de pies a cabeza

Francisco DelgadoInquieto por naturaleza. Así se define Francisco Delgado quien, ayudado por su talento, pasó como si nada del cante lírico a la zarzuela, de la zarzuela al baile español y del baile español al flamenco. Ese mismo ímpetu fue el que hizo que un día dejara su trabajo para dedicarse, a los 26 años, a su mayor pasión. Bailaor por sobre todo, Francisco hoy siente la falta de cante en Chile, la cual le impide materializar sus proyectos. De sus inquietudes, su propuesta como bailaor y visión del flamenco, conversamos con el artista.

La música siempre estuvo presente en la vida de Francisco. Mientras estaba en el colegio y participaba en un coro polifónico, unos compañeros lo invitaron a participar en una audición para una zarzuela, quedó y pasó a formar parte de la Compañía Hispanoamericana de Zarzuela de Santiago dirigida por Fernando Carrasco. En la compañía conoció el baile español y su curiosidad lo llevó a practicarlo. Luego, vendría el flamenco, un arte que lo atrapó y no lo dejó nunca más.

¿Cómo descubriste el flamenco?

Yo hacía baile español y algo de flamenco, pero en aquella época el flamenco que se hacía en Chile era casi nulo, muy pocos sabían de él. Recién en el 95 ó 96 Angélica Cires y Jeanninne Albornoz viajaron a España a estudiar y trajeron material que compartieron con nosotros. La primera vez que vi flamenco de verdad fue con el espectáculo que Cristina Hoyos trajo a Santiago. Allí quedé maravillado, con el baile, el cante, las guitarras… en ese momento decidí dejar mi carrera como diseñador gráfico y dedicarme por completo al flamenco.

¿Qué recuerdos tienes de esa época?

Fue una locura. Me encerraba todos los días, desde las 2 hasta las 7 de la tarde a ensayar, pero sobre todo, a tratar de entender lo que escuchaba. Como dije anteriormente, en aquel tiempo había muy poco acceso a información, por lo que gran parte de nuestro estudio lo hacíamos solos. Yo me perdí lo que muchos jóvenes hacen hoy, viajar a España, estudiar técnica con otros artistas… por eso se me hizo muy necesario estudiar el cante, conocer el trasfondo que hay detrás de este arte.

¿Qué te atrapó del flamenco?

Su cultura. Nuestra generación estuvo desprovista de cultura propia y fuimos atacados con elementos foráneos, incluso el rock que se decía nacional era una copia del argentino. Cuando conocí el flamenco descubrí que estaba tan arraigado entre los suyos que me identifiqué plenamente con él. Tal vez si hubiera estado la cueca, como hoy, me hubiera sentido atraído por esa expresión, pero en ese momento no teníamos nada.

¿Nunca te conflictuó adoptar una expresión que no era la tuya?

No porque los sentimientos son universales. Además en el flamenco necesariamente se requiere traspasar una parte de ti. Si bien haces algo que no te pertenece y cuando bailas adoptas posturas corporales que no forman parte de tu cultura, te provocan algo, ¡sientes! y eso es lo importante.

¿Cómo compartes el ser cantaor y bailaor?

No soy cantaor, soy bailaor, el cante se dio por añadidura, por mis ganas de aprender y porque hay muy pocos cantaores, pero a lo que a mi me gusta es bailar.

¿Cuál es tu palo preferido para bailar y cómo definirías tu estilo?

La soleá, pero bailarla me decepciona. El cante por soleá es muy difícil y sufro porque nadie me lo entrega de la misma forma en que yo lo siento.
¿Y mi estilo? Con los años obviamente he cambiado, pero siempre manteniéndome fiel a lo puro, a lo tradicional. Nunca estudié danza y si lo hubiera hecho quizás hoy haría algo más contemporáneo, no lo sé. De todos modos, la pureza en el flamenco es lo que más me cautiva, mientras simple, mejor, de hecho hoy busco decir más con menos.

¿Cómo logras traspasar eso al baile?

Con los años me di cuenta que no basta con ser virtuoso con los pies. Hoy me tomo las cosas con calma y no siento la necesidad de demostrar todo lo que soy capaz, ya dejé de hacer escobillas por hacerlas. Más bien ahora disfruto sintiendo los soniquetes, con el simple hecho de bailar. Hay otros artistas, quizás por su juventud, que montan bailes con más parafernalia y dan gran énfasis al vestuario o las luces. Ese no es un camino malo, al contrario, es absolutamente válido, pero no se ajusta a mi personalidad.

¿Por qué crees que hay muchos bailaoras (es) y guitarristas flamencos en Chile, pero no cantaores?

Porque como cultura estamos desprovistos de todo. El resto de Latinoamérica tiene raíces folclóricas muy bien arraigadas, con ritmos de base africana y nosotros en cambio, tenemos la cueca que no dice mucho rítmicamente. Además, no tenemos la capacidad de desarrollarnos artísticamente. En el flamenco si quieres aprender tienes que dedicarle tiempo, no puedes tomar una o dos clases de cante a la semana. Aparte de eso debes investigar, ver videos, escuchar música y manejar ciertos conceptos. El cante es difícil. En lo personal, identifico el cante flamenco en Chile con Julián Herreros y a mi parecer, no hay más.

El 2008 viajaste a España, ¿cómo resultó esa experiencia?

En cierto grado fue decepcionante, pero por otro fue un viaje revelador. Fui con muchas expectativas e ilusión y para mi representaba un sueño casi místico, sin embargo, una vez allá me di cuenta que las cosas no eran nada del otro mundo, que mientras pagaras tus clases todo estaba bien y que al profesor le daba lo mismo si aprendías o no.

Por eso me dediqué a recorrer las calles de Sevilla y Madrid, a visitar las peñas, las fiestas privadas, a presenciar el flamenco de verdad, donde los más viejos cantan y las señoras bailan. Allí te das cuenta dónde se encuentra la riqueza del flamenco, dónde está la mística. Fueron esas experiencias y no otras, las que me marcaron y me han servido para mis creaciones actuales.

¿Qué proyecciones tienes a nivel artístico?

No lo tengo muy claro. La verdad es que tengo muchas ideas, pero me cuesta materializarlas, básicamente por la falta de recursos y de cante. Por ejemplo, me gustaría trabajar mis clases con músicos, pero remunerarlos, lo cual no es posible. Por otra parte, el cante es mi tormento, tengo muchos proyectos en mente, pero yo quiero bailar y no tengo quien me cante.

¿El no poder bailar te provoca alguna crisis?

Sí, incluso hubo un momento en que me sentía un payaso, tenía que cantar para después pararme a bailar. Eso hizo que este año me replanteara todo y que pensara en dejar el flamenco. Pero, son etapas de desencantos. Eso sí, hoy más que nunca trato de hacer y de estar sólo con quien me siento a gusto.

¿Eso qué implica?

Que yo decido a quién le entrego mi arte. Esto, no por un afán egoísta, sino porque es un derecho que me he ganado. Soy de los pocos que viven del flamenco y sin escuela porque aún necesito bailar. Creo que todavía no es tiempo de ponerme los lentes y sentarme a enseñar baile o cante. Es más, creo que soy contraproducente para muchas academias porque prefiero trabajar con alumnas (os) que ya lleven cierto tiempo en clases.

¿El ego no ha sido tema en tu carrera?

Nunca me he sentido importante. Muchos me dicen me dicen que soy el mayor referente del flamenco en Chile, pero nunca lo he sentido así, aunque a veces, por no dar la suficiente importancia a mi trabajo he perdido oportunidades para seguir creciendo. Si hay algo con lo que no profeso es con los ambientes vanidosos, con aquellos que se sienten más que el otro o se comparan constantemente. Esas actitudes son inviables en un medio tan pequeño como el flamenco chileno, porque se autodestruye.

Me siento muy “under”, nunca me he movido para figurar en espectáculos porque mi contacto con el flamenco es demasiado íntimo y trato de estar con quienes están en la misma sintonía que yo.

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