Paula Jacob, una vida de entrega al Flamenco

  • La bailaora, coreógrafa y directora de Patio Flamenco anuncia que se retira y deja la dirección de la escuela en otras manos.
  • “Dejar mi escuela es la decisión más difícil y dura de mi vida”. Para ella, el flamenco en Chile ha crecido, “pero no basta virtuosismo técnico, falta sentir”.
  • Además de Patio Flamenco, Paula fue directora y creadora de la compañía Furia Flamenca y una de las gestoras de AFLACH.

Por Alejandra Osses

Mientras escribo esta nota, escucho “Mujeres de Agua”, del premiado Javier Limón, un hermoso cd de este compositor y productor discográfico español, bordado por voces femeninas de cinco países, dueñas de tonos magistrales. Mujeres que cantan la vida, conocedoras de su oficio y que conquistaron su lugar al sol a costa de sacrificios, de renuncias, de mucho trabajo y estudio. Imposible no pensar en Paula Jacob Facuse escuchando a estas mujeres.

Paula eligió bailar la vida y conquistó su lugar tal cual las mujeres de agua de Limón. Y fue más allá, porque además de bailaora y coreógrafa, es fundadora de una de las escuelas de flamenco más conocidas de Chile, el Patio Flamenco.

Todo empezó cuando tenía tan solo seis años. La imagino pequeñita, con sus enormes ojos observando cada braceo y zapateado de sus maestros Sylvia Pacheco y Manuel El Gitano. De la danza española se decidió por el Flamenco. Paula Jacob no podía imaginar en aquel inicio que tendría su propia escuela y la convertiría en una referencia en la enseñanza del flamenco y, sobre todo, en punto de encuentro de los flamencos santiaguinos.

De una vida en pro del Flamenco y el Arte, ella anunció en redes sociales su retiro, entregando la dirección de Patio Flamenco a manos que darán continuidad a todo el camino que ella ha trillado hasta aquí. Indudablemente la vida nos coloca en encrucijadas y hay que elegir por dónde ir. Muchas veces el sendero es de piedra, tortuoso. No optamos por el que más nos gustaría, sino el que simplemente tenemos que seguir.  

“En este momento no puedo contestar si volveré. Solo puedo decir que dejar mi escuela es la decisión más difícil y dura de mi vida, pero sé que queda en muy buenas manos y que mi legado seguirá”, contesta Paula cuando le pregunto qué le llevó a tomar tan difícil decisión.

Aflach: Hiciste mucho por el Flamenco en Chile. ¿Qué hecho(s) consideras el (los) más importante(s) de tu carrera?

Paula: Comencé a bailar a los seis años de edad y ya profesional bailé en diversos escenarios a lo largo del país. Lo primero más importante fue crear la compañía Furia Flamenca, que como mínimo tenía 20 funciones al año y luego la escuela Patio Flamenco que nace por la necesidad de rescatar, cultivar y difundir el arte flamenco con dignidad y respeto. Para mí fue muy importante y significativo llevar el flamenco a lugares donde ni siquiera sabían lo que era este arte. Otro hecho importante fue ser la gestora de lo que hoy es AFLACH. Mi sueño era unir a los flamencos en Chile para lograr dignificar y darle un espacio importante en las artes a nivel nacional.

A: De todos los maestros a quienes les debes tu formación ¿cuál o cuáles señalas como los más importantes y por qué?

P: Me considero prácticamente una autodidacta, pero con Sylvia (Pacheco) y Manuel (El Gitano) aprendí más que pasos y coreografías. Ellos me inculcaron sobre todo la disciplina y el rigor que son necesarios para seguir el camino de la danza.


A: ¿Qué te trajo el Flamenco a nivel profesional y personal?

P: El flamenco lo fue todo en mi vida. Yo daba clases de lunes a sábado, dictaba tres a cuatro clases diarias y los domingos ensayaba si había función. El flamenco me dio mis mayores alegrías, pero también mis más grandes penas. Los obstáculos fueron lograr el respeto de los que te contrataban, las clases las daba en salas de cemento o baldosa, sin espejos ni comodidades y eso muchas veces me hacía sentir que no valoraban ni mi trabajo ni el arte y eso era muy duro.

A: ¿Es más difícil dedicarse al Flamenco hoy o cuando empezaste? ¿Qué ha cambiado en relación al público, a los profesionales, a los estudiantes?

P: Es muy difícil dedicarse al flamenco ya que este arte lo exige TODO de ti. Antes era mucho más complicado, ya que los de mi generación éramos casi autodidactas, no teníamos la tecnología y facilidad para obtener la música y el conocimiento de los palos flamencos. Nuestros profesores no nos permitían tomar clases en otras escuelas. Eso era impensable y te expulsaban si sabían que lo hacías, entonces solo tenías su visión. Cada espectáculo que llegaba a Chile, si hacían cinco funciones las veía todas para lograr aprender de los grandes, devoraba videos que encargaba de España y libros que me dieran la información necesaria para poder transmitir lo mejor a mis alumnos. Cuando llegó el TV cable a Chile le encargaba a mi familia y amigos que me grabaran todos los programas de TVE (Televisión Española) que transmitían flamenco. Hoy es infinitamente más fácil para amateurs y profesionales, hay más facilidades para poder viajar y en internet tienes todo lo que quieras aprender y conocer. Y el público también ha cambiado, como ven más entienden y respetan más el Flamenco.

A: Trabajaron y trabajan en Patio Flamenco grandes profesionales del Flamenco en Chile. También realizaste master class y cursos internacionales con exponentes del flamenco mundial. ¿Lograste hacer de Patio Flamenco lo que soñabas?

P: Partir con cualquier proyecto es difícil, pero siento que logré mis propósitos y sueños, principalmente que mi escuela fuera un lugar de encuentro para los aficionados y profesionales amantes del flamenco. 

A: ¿Consideras Patio Flamenco un espacio de resistencia?

P: Tener una escuela de arte en Chile es muy difícil y sacrificado, más aún una escuela como Patio Flamenco que es la escuela de flamenco más grande, a nivel de espacio físico, por lo menos de Santiago. Eso significa un alto costo de mantención, le llamaba “mi gran elefante blanco” en varias ocasiones. Muchas veces traté de pedir apoyo a los gobiernos de turno y me respondían diplomáticamente con un gran no, así que inicié la lucha de mantenerla en pie sola, resistiendo, con grandes esfuerzos, desafíos y sacrificios personales.


A: ¿El Flamenco va en un creciente en Chile? ¿Qué falta para que se consolide de una vez en nuestro país?

P: Claro que el Flamenco ha crecido en Chile, y hay un buen nivel. Basta ver la cantidad de escuelas qué hay en la actualidad, pero hay que velar que cantidad sea calidad. Para consolidarlo siento que falta más disciplina y respetar sagradamente este arte, que profesores y alumnos sepan lo que bailan, el origen, la raíz, la historia del flamenco. No solo coreografías y virtuosismo de pies. 


A: ¿Qué crees que le falta al Flamenco que se hace aquí?

P: No puedo generalizar, pero siento que lo que le falta al flamenco chileno es SENTIR. Como dije antes, se le da sólo importancia a la perfección de la técnica y los alumnos no tienen oportunidad de sentir su baile para no equivocarse en los pasos. Me destroza ver alumnas y alumnos frustrados y que dejan el baile por no poder seguir el ritmo técnico y ver que no disfrutan y se alejan. Tengo una visión muy personal y para muchos anticuada de respeto al escenario en cuanto al vestuario. Subirte de shorts y alpargatas en una presentación tradicional, no en una obra en específico, nunca será una opción para mí. Al escenario se le debe respeto. Y lo positivo es que hay mucho flamenco y gente joven esforzándose para hacer tablaos todas las semanas y abriendo escenarios y nuevas plazas de trabajo. 

A: ¿Qué le dirías a quien quiera dedicarse al flamenco profesionalmente?

P: Lo que le dije a tantos en 31 años. Que el flamenco es una forma de vida, no se trata de entrenar algunas horas al día perfeccionando la técnica. El flamenco es comer, respirar y entregarse a este Arte con devoción. “La técnica es el camino, no el fin… “. Siente cada movimiento que hagas ya que cada uno de ellos tiene un sentido ancestral. Baila para ti, no por la búsqueda de los aplausos. En el flamenco no puedes mentir, cuando sientas que bailando llegaron todas las emociones a tu cuerpo y mente (amor, dolor, rabia, pena, felicidad…) es que eres flamenco(a).

Con mucha humildad, esta interlocutora se atreve a decir que, para ser flamenco, además de lo que tan bien recordó Paula, hay que tener coraje. Coraje que ella desborda por todos lados. No importa dónde o qué esté haciendo. Paula Jacob es flamenca por to’os los costa’os, y eso nadie, ni nada, se lo puede quitar. ¡¡Ole tú!!

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